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POEMAS

ÁFRICA

África,
Un río de milenarios misterios,
Dadora de todo
Sufriente de todos.
Atrapada,
Vuela en sus elefantes.

Accra, Ghana 3/11/2019

RETORNO

¿A qué viniste?
A buscarme
¿Qué encontraste?
Un tesoro
¿Cuál?
No sé explicarlo
¿Qué harás?
Buscar más allá
¿Para qué?
Para encontrar otra vez,
A quien nos hizo a todos
Y empezar de nuevo.

Accra, Ghana  3/11/2019

Rescatando Exposiciones

Obras

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Ambientes

Currículum

Alberto Lescay Merencio

(Santiago de Cuba, 21 de noviembre de 1950)

Presidente y Fundador de Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas.
Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Miembro de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP)

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Hart / Un amigo que estaría cumpliendo noventa años

El artista revisita una de sus obras más preciadas, quizas porque a la par que se reconoce maceista y apegado a Fidel, también tiene fibras legítimas de martiano. La genesis de esta escultura de bronce dedicada a José Martí y emplazada en Santiago de Cuba en 2005, descubre el vínculo del escultor con un amigo que estaría cumpliendo noventa años.

Raices

“Nací el último día de Escorpión, a la mitad del siglo XX, en la punta de la loma de Martens cerca de Santiago de Cuba. Mi madre: espiritista cruzada, bordadora, modista, maraquera, fiestera, fiel esposa, buena amiga y mejor aún madre; hija de mambí, quien había raptado a mi abuela, desde las montañas oscuras de Baracoa. Mi padre: tresero, chofer, bailador y un infinito enamorado. La infancia y adolescencia transcurrieron entre el campo y la ciudad, siempre que pude, escogí el primero, Quizás porque, además de lo bucólico de éste, allí contaba con un taller lleno de aparatos extraños inventados por mi tío para hacer todas las cosas que demandaba la comarca, desde unos preciosos muebles, una máquina de tejer, un juguete, hasta un terrible ataúd. Las noches eran para hablar de las últimas del mundo terrenal, del infierno y más frecuentemente del maravilloso paraíso, a donde iríamos los buenos. En la ciudad todo me era ajeno, menos las volteretas y sacudidas de mi madre, en medio del incienso para alejar de mi las malas influencias espirituales. Cuando me presenté a hacer la prueba de aptitud en la escuela de arte, era principalmente porque quería ser becario como todos mis contemporáneos, pues estudiar era la palabra de pase de la Revolución Cubana. El perenne recuerdo del monumento en bronce al Mambí Desconocido en la Loma de San Juan, mientras jugaba al escondido, me hace sospechar que en ese instante se abrió para mi el camino de la plástica.»