Promociones

Palabras al catálogo

Sin dudas, la comprensión del origen implicará, siempre, un peculiar reconocimiento del enigma, del misterio. La génesis de la vida, el lenguaje, la historia, la cultura o el amor encuentra explicación en un buen número de caminos permeados de objetividad y razón. No obstante, la interpretación de estos fenómenos deja, la mayoría de las veces, un margen a lo críptico, a lo ignoto.

Más allá de los profundos aciertos de Fernando Ortiz para explicar la cultura cubana, caribeña, e incluso americana, desde las pautas conceptuales de la transculturación; Alejo Carpentier no perdió de vista que la historia de nuestros pueblos ha estado marcada por una fe, una fe colectiva que ha alterado la realidad y ha acentuado la sensación de lo maravilloso…

La Apertura

Obras

Ambientes

Currículum

ALBERTO LESCAY MERENCIO

(Santiago de Cuba, 21 de noviembre de 1950)

Presidente de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas
Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Miembro de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP)

DOSSIER

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Raíces

«Nací el último día de Escorpión, a la mitad del siglo XX, en la punta de la loma de Martens cerca de Santiago de Cuba. Mi madre: espiritista cruzada, bordadora, modista, maraquera, fiestera, fiel esposa, buena amiga y mejor aún madre; hija de mambí, quien había raptado a mi abuela, desde las montañas oscuras de Baracoa. Mi padre: tresero, chofer, bailador y un infinito enamorado. La infancia y adolescencia transcurrieron entre el campo y la ciudad, siempre que pude, escogí el primero, Quizás porque, además de lo bucólico de éste, allí contaba con un taller lleno de aparatos extraños inventados por mi tío para hacer todas las cosas que demandaba la comarca, desde unos preciosos muebles, una máquina de tejer, un juguete, hasta un terrible ataúd. Las noches eran para hablar de las últimas del mundo terrenal, del infierno y más frecuentemente del maravilloso paraíso, a donde iríamos los buenos. En la ciudad todo me era ajeno, menos las volteretas y sacudidas de mi madre, en medio del incienso para alejar de mi las malas influencias espirituales.
Cuando me presenté a hacer la prueba de aptitud en la escuela de arte, era principalmente porque quería ser becario como todos mis contemporáneos, pues estudiar era la palabra de pase de la Revolución cubana.
El perenne recuerdo del monumento en bronce al Mambí Desconocido en la Loma de San Juan, mientras jugaba al escondido, me hace sospechar que en ese instante se abrió para mi el camino de la plástica.»