Cuando el venidero 12 de abril, en Prado y Refugio No. 151, en la capital cubana quede inaugurada la XIII Bienal de La Habana, entre los expositores estará por primera vez como institución, la Galería René Valdés Cedeño, de Santiago de Cuba.

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Por primera vez la “René Valdés Cedeño” como institución en la Bienal de La Habana

Cuando el venidero 12 de abril, en Prado y Refugio No. 151, en la capital cubana quede inaugurada la XIII Bienal de La Habana, entre los expositores estará por primera vez como institución, la Galería René Valdés Cedeño, de Santiago de Cuba.

La “Valdés Cedeño”, ubicada en la Avenida Rafael Manduley, entre las calles 11 y 13, en el reparto Vista Alegre, lleva a la Bienal habanera “Confabulaciones”, un conjunto de obras de varios creadores, según reseña la Lic. Yuliet Hechavarría Pérez, especialista de la pinacoteca vistalegrina.

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Spot Confabulaciones, Galería René Valdés. XIII Bienal de La Habana.

Raíces

“Nací el último día de Escorpión, a la mitad del siglo XX, en la punta de la loma de Martens cerca de Santiago de Cuba. Mi madre: espiritista cruzada, bordadora, modista, maraquera, fiestera, fiel esposa, buena amiga y mejor aún madre; hija de mambí, quien había raptado a mi abuela, desde las montañas oscuras de Baracoa. Mi padre: tresero, chofer, bailador y un infinito enamorado. La infancia y adolescencia transcurrieron entre el campo y la ciudad, siempre que pude, escogí el primero, Quizás porque, además de lo bucólico de éste, allí contaba con un taller lleno de aparatos extraños inventados por mi tío para hacer todas las cosas que demandaba la comarca, desde unos preciosos muebles, una máquina de tejer, un juguete, hasta un terrible ataúd. Las noches eran para hablar de las últimas del mundo terrenal, del infierno y más frecuentemente del maravilloso paraíso, a donde iríamos los buenos. En la ciudad todo me era ajeno, menos las volteretas y sacudidas de mi madre, en medio del incienso para alejar de mi las malas influencias espirituales. Cuando me presenté a hacer la prueba de aptitud en la escuela de arte, era principalmente porque quería ser becario como todos mis contemporáneos, pues estudiar era la palabra de pase de la Revolución Cubana. El perenne recuerdo del monumento en bronce al Mambí Desconocido en la Loma de San Juan, mientras jugaba al escondido, me hace sospechar que en ese instante se abrió para mi el camino de la plástica.”