Promociones

FUNDACIÓN CAGUAYO

ENCUENTRO POR SU CUARTO DE SIGLO

A las estrellas no se sube por caminos Llanos

José Martí

Trabajadores, colegas, especialistas, asesores, compañeros todos del Sistema Caguayo.

Un cuarto de siglo. 21 de septiembre1995 ­- 2020.

Camardas:

Se inventan virus para acabar con los nobles de la tierra. Las circunstancias han obligado a nuestro pueblo a sumar un acto más de heroísmo ante esta nueva realidad. La Revolución Cubana muestra una vez más su justeza, inteligencia y fuerza; nuestro sistema de salud, con la vanguardia de miles de Galenos combaten tenazmente el Covid 19.

No es momento de fiestas. Aunque sinceramente pienso, la mereceríamos.

Mirando lo hecho asumo que ha significado una gran escuela. El temor a los errores puede conducir a la parálisis; decidimos optar por el camino del hacer. Con mesura, profesionalidad, y la marcada determinación de; basándonos en los estatutos, cumplir el noble propósito de colaborar con el gran empeño de nuestro Ministerio de trabajar para la Cultura cubana.

Tengo ahora en mi mente a Fidel y a Hart. Dijeron Sí a nuestra solicitud. Siempre agradeceré esa confianza y pido a ustedes y a los que nos sigan no traicionarla jamás. Sería una falacia imperdonable.

Una condición sine qua non era partir de un propósito justo, necesario y factible.

El acto de donación de los derechos económicos, de una parte, de los artistas que concebimos y tuvimos el privilegio de materializar esta Plaza, unida a la categórica entrega por parte del Gobierno de la provincia de Santiago de Cuba, en la persona del entonces presidente, compañero Reynaldo Endy Endy; del Taller donde fue realizada la Estatua, constituyeron el capital económico inicial para el proyecto fundacional. El capital humano habría que crearlo, así como avanzar mediante el esquema del autofinanciamiento. O sea, nos desarrollaríamos con los recursos que fuéramos capaces de producir. Así ha sido y gracias a vencer momentos muy difíciles, aquí estamos.

Omar González Jiménez, José Manuel Fernández Retamar y René Lescay Merencio, fueron nuestros primeros asesores. Con qué entrega, pasión, sabiduría, paciencia sin límite nos acompañaron en la tarea de llevar a documentos nuestro sueño.

Camaradas, Gracias al trabajo de ustedes, y de otros que ya no están y cumplieron fielmente con nuestra institución, Caguayo goza de prestigio en la sociedad cubana y en otras partes del mundo, ante las autoridades del sistema de la cultura en el país, ante los órganos de gobierno y Partido y lo que es y deberá seguir siendo especialmente importante para nosotros, prestigio ante los verdaderos creadores relacionados directamente o no con nuestra institución.

Contribuir al desarrollo de las artes monumentales, aplicadas y el diseño. Es nuestro compromiso inmediato.

Somos y seremos un modesto nudillo en el tejido de la gestión cultural en La Revolución Cubana

Muchas Gracias

Alberto Lescay Merencio.

 Presidente Fundador Caguayo Fundación

"Todo el mundo necesita de algo que lo inquiete ... así tiene que ser la obra de creación"

Entrevista de Reinaldo Cedeño al reconocido escultor Alberto Lescay Merencio, presidente de la Fundación Caguayo, que ha emplazado sus piezas en toda Cuba y más allá. Confesiones sobre su escultura monumental de Antonio Maceo en la plaza homónima de Santiago de Cuba y su diálogo con ella mucho tiempo después. También sobre la Fundación Caguayo y su aporte a la cultura.

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Currículum

ALBERTO LESCAY MERENCIO

(Santiago de Cuba, 21 de noviembre de 1950)

Presidente de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas
Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Miembro de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP)

DOSSIER

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Fundación Caguayo

Un cuarto de siglo

1995 - 2020

Raíces

«Nací el último día de Escorpión, a la mitad del siglo XX, en la punta de la loma de Martens cerca de Santiago de Cuba. Mi madre: espiritista cruzada, bordadora, modista, maraquera, fiestera, fiel esposa, buena amiga y mejor aún madre; hija de mambí, quien había raptado a mi abuela, desde las montañas oscuras de Baracoa. Mi padre: tresero, chofer, bailador y un infinito enamorado. La infancia y adolescencia transcurrieron entre el campo y la ciudad, siempre que pude, escogí el primero, Quizás porque, además de lo bucólico de éste, allí contaba con un taller lleno de aparatos extraños inventados por mi tío para hacer todas las cosas que demandaba la comarca, desde unos preciosos muebles, una máquina de tejer, un juguete, hasta un terrible ataúd. Las noches eran para hablar de las últimas del mundo terrenal, del infierno y más frecuentemente del maravilloso paraíso, a donde iríamos los buenos. En la ciudad todo me era ajeno, menos las volteretas y sacudidas de mi madre, en medio del incienso para alejar de mi las malas influencias espirituales.
Cuando me presenté a hacer la prueba de aptitud en la escuela de arte, era principalmente porque quería ser becario como todos mis contemporáneos, pues estudiar era la palabra de pase de la Revolución cubana.
El perenne recuerdo del monumento en bronce al Mambí Desconocido en la Loma de San Juan, mientras jugaba al escondido, me hace sospechar que en ese instante se abrió para mi el camino de la plástica.»